Esta fue mi primera aventura fuera de Latinoamérica viajando como nómada digital. El plan era empezar en París, pero un mes antes del inicio de esta travesía perdí mi trabajo (remoto), situación que me hizo dudar sobre continuar. Sin embargo, tomé la decisión de aventurarme y dejar que el destino decida.
Calculé que con mis ahorros podía viajar 3 meses en Europa. Así, pensé que: lo peor que podía pasar era no continuar el viaje y volver a casa. A pesar de la incertidumbre financiera, empecé mi viaje en Francia, donde una semana después recibí una oferta de trabajo remoto. De esta forma pude continuar con mi plan viajero inicial.

Viajé por el territorio francés durante un mes, intentando recuperar el idioma que había aprendido hacía 10 años atrás. Seguí hacia España, donde disfruté de la comida porque la encontré parecida a la de mi país (Perú); y terminé la ruta europea en Portugal, ejercitando mis piernas con las subidas y bajadas de las calles en Lisboa y Oporto.
Mi paseo por Europa lo califico como fácil, sin mayores retos. Solamente disfrutando de la vida cultural en los museos y monumentos históricos, viendo edificios perfectos y lujosos. Hasta me sentí aburrida de ver todo «bonito», necesitaba una inyección de sorpresa. Además, una crisis existencial sobre regresar a Latinoamérica más un poco de miedo por mi siguiente destino en el norte de África, me hicieron dudar de seguir. Pero, tras un remezón reflexivo, volví a enfocarme en mi objetivo viajero y seguí mi camino hacia Marruecos.
Estar en un país de África, musulmán y con una lengua completamente distinta a la mía, fue la combinación que necesitaba para recuperar mi motivación y sumergirme en un sueño permanente. Cada día había algo para descubrir en todo sentido, así que aquí empezó el verdadero viaje.

Después de Marruecos, continué hacia Egipto, Jordania, Israel, Palestina y Turquía. La cultura de Medio Oriente me dejó marcada por la hospitalidad de su gente y el misticismo de una religión duramente estigmatizada en Occidente, que empezaba a entender y respetar: el Islam.
Luego de este recorrido, llegó el momento de experimentar altos niveles de adrenalina en el país más colorido, auténtico y fascinante de este viaje: La India. Fueron 5 meses intensos visitando territorio indio de norte a sur y tratando de aprender los nombres de sus principales dioses.

Aquí, tuve la oportunidad de conocer al Dalai Lama y asistir a sus clases de budismo durante 3 días. Pude comprobar que, La India es un país donde respiras espiritualidad y te transformas. No me convertí en maestra de yoga o meditación, pero aprendí a sentir a las personas y tomar decisiones basadas en mi intuición.
De La India viajé a Sri Lanka por 3 semanas, donde recibí el Año Nuevo 2020. En esta pequeña isla, quedé fascinada por los campos de té y vi por primera vez elefantes libres en su hábitat. Volví a La India a finales de enero (2020) cuando las noticias hablaban del coronavirus en China. Mi siguiente destino era Nepal, pero desafortunadamente me cancelaron el vuelo y el gobierno decidió cerrar fronteras.
Nuevamente, tuve que decidir si seguía el viaje hacia el Sudeste Asiático (Tailandia) o volvía a Turquía, y así esperaba en un lugar que ya conocía y estaba estratégicamente mejor ubicado. Finalmente, logré escapar de India 2 días antes del cierre del país y volví a Turquía, donde también cerraron fronteras unos días después.
Con estas circunstancias, mis planes de viaje dieron un giro inesperado y terminé viviendo 8 meses en Turquía. Esta experiencia me enseñó a aceptar y disfrutar de lo que te ofrece la vida, porque todo pasa por alguna razón (todavía pienso que no estaba preparada físicamente para hacer el trekking del Everest y que iba a tener una mala experiencia). Así, Turquía se convirtió en mi país favorito de este viaje, porque fue la tierra donde me hicieron sentir protegida como en casa.
Algo que realmente aprendí en estos dos años es a tomar decisiones por la razón y la intuición. Viajar es cada vez más fácil y accesible; así que, el único reto es vencer la barrera del miedo y seguir adelante. Por ello, hago este relato desde mi introspección para motivar y quizás inspirar a otras mujeres a viajar solas.
Definitivamente, este viaje me transformó. Ahora, soy más tolerante y flexible con las diferencias, mejor negociadora, más observadora y analítica, más sensible, me enfoco en lo positivo de cada experiencia y tengo menos prejuicios.
Debo admitir que en algunos momentos de este viaje me sentí como Julia Roberts en Comer, Rezar y Amar, pero —en mi caso— comí en España, recé en La India y amé en Turquía.
Respondo algunas preguntas que se deben estar haciendo:
1. ¿Cómo pude viajar tanto tiempo sola?
Mi trabajo es 100% remoto. Solamente necesito conexión a internet para trabajar desde cualquier lugar del mundo. Nómada digital es el término que se usa para quienes llevan este estilo de vida. Soy comunicadora, trabajo como consultora en relaciones públicas desde hace más de 10 años.
2. ¿Cuánto gasté en el viaje?
Viajo de manera económica. Todo lo organizo yo misma sin tours ni agencias.
- Hospedaje:
En el 95% del viaje en Europa usé Couchsurfing, que es una forma de alojamiento gratuito en casa de locales como hospitalidad. También lo usé en mi llegada a Marruecos, así me alojé en casa de una chica marroquí, quien me explicó sobre su cultura y religión. En algunas ciudades de Egipto, Israel, Turquía y La India, lo usé para experimentar la vida de la gente local.
El resto de mi alojamiento fue en hostel, en habitación compartida.
Lo más barato en La India: 4 dólares por noche.
Lo más caro en Israel: 25 USD por noche.
- Transporte:
Usé transporte terrestre de todo tipo: buses, trenes y Blablacar (auto compartido). En las ciudades siempre he usado transporte urbano público, poquísimas veces taxis.
Este viaje fue intercontinental, entonces usé vuelos low cost para llegar a ciertos países. Algunas aerolíneas económicas fueron Pegasus (Europa-Israel-Turquía) e IndiGo (India).
- Alimentación:
Este viaje fue variado con los destinos y precios.
En Europa, gasté en promedio 25 euros diarios.
En Israel, 35 dólares diarios, en promedio.
En La India, en promedio, 15 dólares diarios (comiendo en restaurantes turísticos porque la comida local era muy picante).
3. Idioma
Manejo inglés y uso Google Translator. En algunos lugares me comuniqué con señas y fue muy divertido. Además, conmovedor por la experiencia de no hablar pero sentir la energía de las personas.
4. Equipaje
Viajé con una mochila de 70 litros que llegó a pesar hasta 16 kg. Hice 2 envíos a Perú, desde Turquía y La India, con ropa que no quise dejar y cosas nuevas.
5. ¿Quién me tomó las fotos?
Extraños a mi alrededor, principalmente turistas. Algunas fotos fueron tomadas por 10 personas diferentes, hasta que me gusten 🙂
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